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Introducción – El estrés – ¿qué hacer?
Vivimos en tiempos de constantes cambios, grandes cantidades de demandas externas, – complacer al jefe, hacer un favor a un colega o amigo, nuestro pareja y familia necesitan tiempo, tenemos 20 mails importantes a responder, 5 llamadas a hacer; falta hacer la compra, arreglar la casa o el departamento...
¿Qué es el resultado? Altos niveles de estrés, cansancio y la sensación de no llegar a hacer todo lo que tendríamos que realizar ni poder cambiar lo que quisiéramos cambiar. ¿Qué es la causa de estos problemas? – Quizás ¿El desequilibrio en nuestras vidas? ¿Falta de tiempo? ¿Demasiadas exigencias de nuestro entorno? ¿Y quién es la última persona en la que pensamos y para la cual no queda tiempo? ¿uno mismo? Puede haber muchas explicaciones del por qué nos pasa esto.
Uno de los problemas más mencionados es la falta de tiempo. El tiempo - ¿Qué significa para nosotros? ¿cómo lo empleamos? ¿Cuáles son nuestras razones para no hacer lo que sabemos que tendríamos que hacer?... Cada uno tiene sus razones; ¿pero pueden estas razones traernos los resultados que buscamos? Si queremos cambiar, tenemos que dejar de lado nuestras historias por qué no podemos hacer lo que sabemos es lo correcto e importante para nosotros. Y aún cuando nos decidimos a mejorar nuestros esfuerzos, cuidar nuestro cuerpo y hacernos cargo de nuestros problemas y emociones, muchas veces nos frenamos y nos encontramos con obstáculos que no sabemos sobrepasar. Sabemos que dentro de nosotros está la semilla de una vida plena, llena de propósito y amor, pero, no sabemos como hacerla brotar.
¿Dónde está el foco en nuestra vida?
¿Estamos pensando todo el día en las tareas que tenemos que resolver, en problemas? ¿O nos tomamos el tiempo para determinar lo que es lo fundamental para nosotros, reflexionando sobre el ideal de nuestro hogar, nuestras relaciones, nuestra carrera...? Quizás ya nos contaron una vez sobre el poder de nuestra mente y sobre los afectos de la misma a nuestra realidad, ¿pero tenemos realmente en cuenta que aquello donde ponemos foco en nuestra vida, toma fuerza? En otras palabras, si pensamos en problemas todo el día, ellos crecerán en vez de desaparecer. ¿No es cierto, que una vez que resolvimos algo importante aparece algo peor? Es porque no aprendimos a usar nuestro poder mental mejor, nadie nos enseño pensar de una manera apreciativa, enfocada en resultados deseados.
Hay cuatro dimensiones en las cuales pasamos nuestro tiempo:
- La Dimensión de la distracción - lo no importante y no urgente
- La Dimensión de la dilusión - lo Urgente y no importante
- La Dimensión de la demanda - lo importante y urgente
- La Dimensión de la plenitud - lo importante, pero no urgente
¿En cuál de las dimensiones te estás enfocando vos principalmente?
Aquí un autoanálisis honesto es muy importante. Podemos llegar a pensar que pasamos mucho tiempo con actividades aparentemente importantes, ¿pero sentimos su importancia realmente?
Por no planificar y prevenir estamos muy ocupados con la respuesta a demandas urgentes y luego tenemos que descansar para recuperarnos en vez de emplear el tiempo mejor. Al final de día queda nada de tiempo para la “dimensión de la plenitud” que serían actividades que nos importan realmente y que no son urgentes. Lo importante es observarnos y buscar la mejora, pero al mismo tiempo no debemos juzgarnos por no ser como quisiéramos o no lograr todo lo que queremos.
Algunos ingredientes indispensables en la receta para una vida plena incluyen la compasión y el amor hacia uno mismo. Si nos retamos cada día por no llegar a donde queremos, difícilmente podemos progresar y disfrutar el proceso simultáneamente.
¿Cómo cambiar nuestra vida?
Hasta las enseñanzas sobre la gestión de tiempo pueden resultar poco efectivas, porque siempre enfocan en responder las siguientes preguntas “¿Qué debo hacer y cómo lo hago mejor?”. El problema de esta mirada es que el constante foco en tareas no te garantiza el progreso. El hecho de poder quitar acciones y tareas de nuestro listado de tareas nos puede generar la ilusión de progresar. Sin embargo hay una gran diferencia entre movimiento y logros. Lo que necesitamos no es tanto un cambio al nivel del accionar sino en primera línea un cambio mental - un cambio de paradigmas, desde el enfoque en problemas hacia un foco apreciativo, desde la escasez hacia la plenitud, desde la dispersión hacia el foco en resultados, desde el “tener que hacer” hacia un “yo quiero y yo puedo”...
Para esto es necesario alejarnos del manejo de tiempo y la administración de tareas y acercarnos a la gestión de vida, que empieza con la claridad en lo que queremos crear y experimentar.
Aquella persona que tiene éxito y más importante vive en plenitud – conciente- o inconcientemente – sabe tres cosas para producir los logros en sus vidas:
Sabe lo que quiere (1), sabe el propósito que le da el incentivo para la acción (2) y sabe cómo concretar su objetivo (3).
Entonces la pregunta que nos lleva hacia la plenitud y el éxito no debe ser “¿Qué debo hacer?” sino:
- ¿Qué es el resultado que busco?
- ¿Por qué y para qué quiero esto? y
- ¿Con qué acciones lo hago realidad?
La parte que casi siempre olvidamos es el paso dos. No calculamos lo suficiente el factor emocional. Es fundamental agregar un propósito a nuestro accionar, eso nos permite sobrepasar obstáculos en momentos de dificultad y encontrar el camino hacia el logro de nuestros objetivos. “La actividad sin un propósito es una sangría para una vida de plenitud.”
Si queremos el bienestar y el equilibrio en nuestra vida necesitamos ampliar nuestro foco y tener en cuenta nuestros anhelos más profundos. Necesitamos tomarnos el tiempo para identificar el propósito de nuestra vida, el ideal de distintas áreas de vida como el trabajo, la salud y las relaciones y aprender a decir que “NO!” a todo lo que no son prioridades verdaderas nuestras. Aunque eso es un proceso que requiere mucha disciplina y motivación para descubrir más de sí, los frutos de este trabajo – la plenitud, felicidad y prosperidad – merecen la dedicación de este tiempo.
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